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Escucha a San Juan Pablo II cantar el “Ave María” en una grabación de 1976

¿Alguna vez has escuchado al Papa San Juan Pablo II cantar el Ave María? ¡Es tan hermoso!

Grabación de los ‘70

Según Amazon, esta grabación se lanzó originalmente en una grabación de larga duración en 1979.

En la página se lee: “Una hermosa grabación con la bendición papal inaugural cuando el Papa Juan Pablo II fue nombrado Papa por primera vez.

Escucha su voz mientras otorga su primera bendición papal al mundo en inglés, italiano y su lengua materna del polaco. El lanzamiento también presenta himnos angelicales de la iglesia, incluyendo el amado “Ave Maria” y el “Magnificat” de Mozart.

También contiene un folleto especial de recuerdos sobre la vida de John Paul desde la infancia hasta sus días como cardenal y presenta una carta en su nombre que expresa su agradecimiento, aceptación y bendición por la grabación. Es un lanzamiento realmente magnífico”.

Sin embargo, según Life on the Rock de EWTN, grabó este 1976 antes de convertirse en papa en 1978.

Escuche a San Juan Pablo II cantar el “Ave María” a continuación:

Artista demuestra su fe y amor a Dios con sus dibujos en Instagram

No todos sus trabajo en Instagram son sobre su religión. Como toda persona, comparte las cosas que más le gustan, y, como toda artista, comparte sus dones con sus seguidores, quienes están fascinados con sus dibujos de princesas, superhéroes, y demás.

Sin embargo, cuando Patricia Trigo, nuestra artista en cuestión, quiere comunicar su cercanía con la Virgen María, su admiración a los santos, su amor a Dios, o su fe en general, lo hace de una manera que conmueve e impacta. 

Influencia de la Virgen de Fátima

Nacida en Navarra, España, con 25 años, estudiante de animación, Patricia ha logrado usar sus dones para comunicar lo que más le gusta: el dibujo y las películas.

En una entrevista a la página Cope, narró como gracias a su mamá siempre tuvo una práctica constante en el dibujo.

Sin embargo, ¿cómo llegaron los dibujos religiosos? Ella viajó en una ocasión a Fátima, donde tuvo un encuentro profundo con la Virgen María. Desde entonces, gracias a su comunidad católica, pudo acercarse más a Dios y sentirse como lo que es, una hija de María. 

¿Cómo “murió” la Virgen María? Así fue su último día en la tierra antes de su Asunción

El dogma de la Asunción, proclamado por el Papa Pío XII en 1950, no afirma ni niega la muerte de la Virgen María.

Sostiene que “la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

Un debate antiguo

Teólogos y santos tuvieron opiniones divididas sobre la muerte de la Virgen María, la mujer más humilde y privilegiada de todos los tiempos.

Durante 9 meses llevó en su vientre a Jesucristo, lo vio crecer, fue testigo de sus tres años de predicación y, a pesar de que sufrió como nadie al verlo morir en la Cruz, también tuvo el mayor gozo de todos al verlo resucitado.

Sin embargo, muchos se preguntan qué pasó con ella después de la vida pública de Jesús. Lo último que nos cuenta la Biblia acerca de ella es que estaba con los apóstoles el día que el Espíritu Santo descendió sobre la Iglesia en forma de lenguas de fuego. Sin embargo, ¿qué pasó después?

Respuesta a la pregunta según San Juan Damasceno

Tal vez el relato más hermoso y conocido es el de San Juan Damasceno, un gran santo y Doctor de la Iglesia. Él apoyó la teoría de la muerte de María y así la narró:

“La Madre de Dios no murió de enfermedad, porque ella por no tener pecado original no tenía que recibir el castigo de la enfermedad.  Ella no murió de ancianidad, porque no tenía por qué envejecer, ya que a ella no le llegaba el castigo del pecado de los primeros padres: envejecer y acabarse por debilidad. Ella murió de amor.  Era tanto el deseo de irse al cielo donde estaba su Hijo, que este amor la hizo morir.

Unos catorce años después de la muerte de Jesús, cuando ya había empleado todo su tiempo en enseñar la religión del Salvador a pequeños y grandes, cuando había consolado tantas personas tristes y había ayudado a tantos enfermos y moribundos, hizo saber a los Apóstoles que ya se aproximaba la fecha de partir de este mundo para la eternidad.

Los Apóstoles la amaban como a la más bondadosa de todas las madres y se apresuraron a viajar para recibir de sus maternales labios sus últimos consejos, y de sus sacrosantas manos su última bendición.

Fueron llegando, y con lágrimas copiosas, y de rodillas, besaron esas manos santas que tantas veces los habían bendecido. Para cada uno de ellos tuvo la excelsa Señora palabras de consuelo y de esperanza.  Y luego, como quien se duerme en el más plácido de los sueños, fue Ella cerrando santamente sus ojos; y su alma, mil veces bendita, partió a la eternidad.

La noticia cundió por toda la ciudad, y no hubo un cristiano que no viniera a llorar junto a su cadáver, como por la muerte de la propia madre. Su entierro más parecía una procesión de Pascua que un funeral.  Todos cantaban el Aleluya con la más firme esperanza de que ahora tenían una poderosísima Protectora en el cielo, para interceder por cada uno de los discípulos de Jesús.

En el aire se sentían suavísimos aromas, y parecía escuchar cada uno, armonías de músicas muy suaves. Pero, Tomás Apóstol, no había alcanzado a llegar a tiempo. Cuando arribó ya habían vuelto de sepultar a la Santísima Madre.

‘Pedro‘, – dijo Tomás- ‘No me puedes negar el gran favor de poder ir a la tumba de mi madre amabilísima y darle un último beso a esas manos santas que tantas veces me bendijeron‘. Y Pedro aceptó.

Se fueron todos hacia el Santo Sepulcro, y cuando ya estaban cerca empezaron a sentir de nuevo suavísimos aromas en el ambiente y armoniosas músicas en el aire.

Abrieron el sepulcro y en vez del cadáver de la Virgen encontraron solamente…una gran cantidad de flores muy hermosas.  Jesucristo había venido, había resucitado a Su Madre Santísima y la había llevado al cielo.

Esto es lo que llamamos Asunción de la Virgen.

¿Y quién de nosotros, si tuviera los poderes del Hijo de Dios, no hubiera hecho lo mismo con su propia Madre?”.

Te seguiré adonde vayas

Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla.
Entonces se aproximó un escriba y le dijo: “Maestro, te seguiré adonde vayas”.
Jesús le respondió: “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”.
Otro de sus discípulos le dijo: “Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre”.
Pero Jesús le respondió: “Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos”.

Señor Mío y Dios Mío

Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!”. El les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”.
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”.
Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”.
Tomas respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”.
Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”.

Felices, sus ojos, porque ven; felices sus oídos, porque oyen.

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.
Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.
Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: “El sembrador salió a sembrar.
Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.
Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;
pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.
Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.
Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.
¡El que tenga oídos, que oiga!”.

El que Cree en Mí Vivirá

Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.
Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.
Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”.
Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”.
Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”.
Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”.
Ella le respondió: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”.

No vino para Ser Servido sino para Servir

La madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.
“¿Qué quieres?”, le preguntó Jesús. Ella le dijo: “Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”.
“No saben lo que piden”, respondió Jesús. “¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?”. “Podemos”, le respondieron.
“Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre”.
Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.
Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;
y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo:
como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.

El perro que espera a que termine la oración antes de comer

El perro que espera a que termine la oración antes de comer. Según el sacerdote, que junta las manos y canta la oración antes de la comida (en latín), las “lecciones de catecismo” del cachorrito empezaron con el pie derecho. Frente a la actitud del perrito no dudamos que sea así. San Francisco no es el único en saber cómo hablarle a los animales.

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