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Create Date 2 Oct, 2019
Last Updated 2 Oct, 2019
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Hemos vivido un hermoso mes dedicado a María, nuestra Madre, en el cual hemos querido que su presencia nos fortaleciera en nuestro camino cristiano y en este año que hemos reflexionado como piamartinos sobre la caridad y la misión a los jóvenes, ha sido un modelo de caridad.

Decir que María es modelo de caridad, es solo mirar el Evangelio. Luego de la Anunciación fue a la montaña a visitar y cuidar a su prima Isabel, embarazada de Juan Bautista. El dejar sus “cosas”, por ir en ayuda de Isabel, nos hace a nosotros preguntarnos: ¿dejamos por los otros “nuestras cosas”?, ¿salimos de prisa a tender la mano a quien lo necesita? La acción caritativa de María no nos puede dejar indiferentes.

Otro acto de caridad de María, es la intercesión y ayuda que dio en las bodas de Caná, asumió a preocupación de los recién casados y presentó su necesidad a Jesús. Podía haberse hecho la desentendida, era una invitada más a la boda, podría haber dicho es problema de ellos, como tantas veces nosotros lo podemos decir, pero acude a Jesús y encuentra en él respuesta. María en episodio nos muestra que lo que le pasa a otros no nos puede dejar indiferentes al contario, es acto de caridad atender las necesidades de los demás incluso cuando no lo piden.

La vida de familia en Nazareth, el cuidado de Jesús, su presencia en los momentos de su vida, de su pasión , muerte y resurrección, nos hacen mirar a María como un verdadero modelo de caridad. No dejó jamás a Jesús sólo, fue Madre llena de amor por su Hijo y en el momento de la cruz se llena de amor por todos sus hijos, o sea cada uno de nosotros que la venera y deja atraer por su caridad.

María por estos motivos anteriormente expuestos, es modelo de caridad para todos nosotros. Es modelo de esa caridad sin esperar “devolución”, o sea una caridad gratuita, auténtica. Y hoy continua su acción caritativa con cada uno de nosotros, cuando acudimos a ella, no nos deja sin atención, nuestras dificultades, temores y angustias las lleva al corazón de su Hijo.

Agradezcamos su presencia de amor por cada uno de nosotros y digámosle una vez mas: “A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón, mírame con compasión, no me dejes, Madre mía”.

Bendiciones y bendecido adviento para todos
P. Humberto Loyola, FN
Superior Regional

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